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domingo, 12 de junio de 2016

Cuando bajen los barrios (¿Qué esperan de nosotros?)

Recuerdo con mucha ternura cuando, por el 2014, si no me equivoco, empezó a sonar esa frase de “ahí vienen los gochos”. En ese momento, esa parecía ser la única forma de que los caraqueños despertáramos e hiciéramos algo por ayudar a sacar a este gobierno del poder. Porque no estábamos haciendo nada. Un montón de guarimbas sin propósito, ni fuerza, ni resultados. En cambio por allá por San Cristóbal si se estaba cayendo la ciudad, se estaban cayendo los poderosos, el gobierno reculaba, no sabía cómo entrar. Y eran tan efectiva la cruzada que estaban llevando allá (principalmente estudiantes) que desarrollarían una Campaña Admirable de los Andes a Caracas para resolver el problema de una vez.
“Ahí vienen los gochos” decían, como el “Winter is coming” de la serie de George R.R. Martin. “Ahí vienen los gochos” y recuerdo desternillarme de la risa, llorar con las carcajadas, pensar en un montón de tachirenses viniéndose hasta acá, quitándole el megáfono a los estudiantes apostados en Altamira y declarando un nuevo Estado. La risa también tenía algo de angustia, pues un panorama como ese no me generaba mucha paz. También era una risa que escondía un poco de esperanza; la idea de que alguien iba a llegar a resolver este rollo.
Porque, después de todo, tenía algo de sentido. Buena parte de los presidentes que ha tenido Venezuela, vienen de esas latitudes. Irónicamente, dos de los más grandes dictadores de nuestra historia vinieron de allá. Pero en ese momento no se hacían ese tipo de análisis. “Vienen los gochos” y eso es suficiente. “Vienen los gochos” y nos van a resolver el problema, luego vemos cómo hacer para que no se engolosinen y nos monten otra dictadura. “Ahí vienen los gochos” y nosotros no tendremos que hacer mucho más.
Ese era el discurso desde la oposición. Sin embargo, desde las personas que apoyaban al gobierno la frase era otra. Igual de ominoso, igual de pavoso. Recuerdo haber hablado con uno de mis mejores amigos de la infancia, amigo que siempre defendió esta causa socialista. Recuerdo haber hablado con él y haber recibido de su parte la tenebrosa frase. “Hermano, esa gente tiene que quedarse tranquila, porque cuando bajen los barrios esto se va a poner feo”. Y desde ese momento, el tema de “cuando bajen los barrios” comenzó a causarme el mismo tipo de carcajadas que me generaba el “ahí vienen los gochos”. Con la diferencia de que los barrios si los conozco (poco, pero los conozco). Con la diferencia de que sí sé de qué son capaces algunos de los que se esconden en los barrios. Con la diferencia de que los barrios los tengo, literalmente, a una cuadra.
Esa frase, ese “cuando bajen los barrios” ha estado dando vueltas desde entonces. Tal como todo lo que tiene que ver con política, la frase salta de un lado al otro, sirviendo a la conveniencia de turno. Sin embargo, esa negra amenaza se mantiene sobre los caraqueños, sin saber exactamente a qué atenernos en el caso de que los barrios terminen por bajar.
***
Recientemente estuve un par de días trabajando en Maracaibo. Es una experiencia interesante. Es una ciudad con muchos factores favorables: buena comida, mujeres hermosas, colores vivos (producto del sol incandescente que siempre está presente) y edificios, cosa que para mí es de vital importancia para poder considerar ciudad a una ciudad. El calor es tan sofocante como lo pintan y hasta peor. sin embargo, si lo tomas como parte de toda la experiencia, hasta se hace divertido (no tanto).
Mi trabajo me permite moverme por el país e ir escuchando diferentes relatos sobre la situación país. La historia central no cambia mucho. Todos estamos pasando por una situación muy difícil de vivir y de comprender. Nadie se quiere resignar a tener que vivir en esta Venezuela, pero la única verdad es que no queda de otra y hay que afrontar esta realidad con fuerza, con cierta esperanza en el futuro, aunque nos cueste tenerla.
Sin embargo sí hay ciertos matices. Cada estado vive sus particularidades dentro de la generalidad de la situación. En Aragua, por ejemplo, su vivencia de la delincuencia es bien particular, por la presencia de Tocorón. En el Zulia, al ser un estado fronterizo, el tema del “bachaqueo”, el contrabando y todas las “marañas” similares tienen un papel protagónico en estas historias.
Dentro de la actividad que hacía con los marabinos, les preguntaba por la situación país actual, cómo la veían y qué creían que podía suceder como para que se resolviera esto o, al menos para empezar a experimentar cierto tipo de cambio en la situación que vivían actualmente. Hubo una respuesta que me sorprendió muchísimo. Alguien me dijo “bueno, estamos esperando que los barrios allá en Caracas bajen; cuando bajen los barrios ahí sí va a prender esto”.
Y vino a mi mente el “Ahí vienen los gochos”. Y vino a mi mente el “nadie quiere que bajen los barrios”. Y vino a mi mente la pregunta de “¿cómo es que esta gente, tan lejos, está esperando que los barrios de Caracas bajen para que pase algo en Venezuela?”. Y la siguiente pregunta que surge en mi mente tiene que ver más conmigo y con mis angustias que con otra cosa, pero no puedo dejar de preguntarme “¿qué esperan de nosotros?”.
Pero es que también se han dado ciertas circunstancias como para alimentar una especie de mito sobre lo que pudiera pasar en Caracas. Aquí en la capital, si bien hay personas que están sufriendo con la luz y el agua, no vivimos nada parecido a lo que se vive en el interior. Cortes de luz todos los días en horarios rotativos. Súmale a eso un servicio de agua y de aseo deplorables. Además, no se encuentran alimentos, medicinas, productos de primera necesidad en general. Súmale a eso que en Maracaibo tienes que hacer colas con una sensación térmica de 40 grados por lo menos (o así era como me sentía yo). No es que en Caracas no suframos la situación país, pero la verdad es que estamos empezando a sufrirla ahora, en estos últimos tres meses específicamente. En el interior tienen meses en este rollo.
Desde el interior ven a Caracas con ojos de molestia. No diría de odio, pero sí de cierta suspicacia rencorosa. Se preguntan por qué no nos quitan la luz a nosotros. Se preguntan qué pasa en Caracas que no pasa en el interior, llevando a que nosotros tengamos un trato especial. No cambiarían sus ciudades por Caracas, eso sí es bastante claro. Desde el interior, la capital es vista como un eterno caos, un estrés perenne, una angustia insoportable; no cambiarían nada de eso por sus formas amables, por sus actitudes jocosas, por su serenidad en lo cotidiano. Posiblemente lo único que cambiarían con Caracas sería la posibilidad de tener el servicio de luz eléctrica todo el día. Nada más.
A pesar de eso, sentí cierta esperanza dentro de ese “que bajen los barrios”. A fin de cuentas, el himno nos dice “Seguid el ejemplo que Caracas dio”, pero sigo con mi angustia: ¿qué esperan de nosotros? ¿Cuál es ese ejemplo? Porque yo veo a los barrios bajando todas las mañanas: esas personas que tienen que “bajar a Caracas” a trabajar, a buscar comida, a buscar medicinas, a ver qué pueden llevar de vuelta a sus casas. Todas las mañanas bajan los barrios en las formas de jóvenes que intentan forjar un futuro a través del estudio en un país donde el estudio ya no vale tanto como antes. Todas las mañanas bajan los barrios. Pero algo me dice que esa no es la bajada que están esperando los maracuchos con los que hablé.
“Allá en Caracas no quitan la luz porque hay un poco de locos, ¿verdad? Allá en esos barrios lo que hay es puro loco, dígalo”, me dijo uno de ellos, uno de los más hilarantes personajes con los que me encontré en este viaje. Me reí un poco. Le dije que no tenía idea. Le dije la verdad. Pero para ellos, lo que decían tenía total lógica. Es en Caracas, a su juicio, donde explotará todo, porque todo está acá, todos los poderes, todos los locos.
¿Qué esperan de nosotros? Aparentemente, de gente como yo no esperan nada. Esperan es que los barrios bajen. Como si supieran exactamente lo que eso puede significar. Esperan que los barrios bajen, como si con eso se solucionara todo. Esperan que los barrios bajen, generando una implosión con la que pudiéramos encontrar el botón de “reset” de este país. No creo que todos en Maracaibo estén esperando eso, pero ya que más de una persona de las que entrevisté me lo haya dicho, termina siendo en extremo llamativo para mí.
***
Volviendo a Caracas, me encuentro con que en esa semana que estuve en Maracaibo hubo marchas, saqueos, disturbios, agresiones a diputados de la Asamblea Nacional. Volviendo a Caracas estuve atascado por tres horas en una cola porque habían asesinado a un chófer y sus compañeros trancaron la vía que conecta el aeropuerto con la ciudad. Volviendo a Caracas me encuentro con que en muchos sitios se dan manifestaciones, unas más pequeñas que otras, con gente gritando simplemente “no queremos mangos, queremos comida”. Pienso que capaz los maracuchos tenían razón. Pienso que capaz los barrios empezaron a bajar y algo va a pasar. Hay una tensión muy particular en las calles de Caracas. Nadie sabe nada, pero sentimos que pasa de todo.
Allá en Maracaibo, tenía que preguntarle a las personas cuáles creían ellos que eran las elecciones que venían. Muchos contestaban de inmediato “ojalá sea el revocatorio”, pero existía la duda de si eso sucedería y si se darían las elecciones de gobernadores y alcaldes. Hay cierta confusión al respecto. Una señora me dice “tú eres el que nos deberías decir, porque tú vives en Caracas”. Le pregunto que cómo eso puede influir en que yo maneje semejante información. Otra contesta “es que en Caracas es donde se bate el chocolate”. Me río y me limito a contestarle “Posiblemente. Pero en muchas ocasiones el chocolate se bate con la tapa de la olla puesta”.

Lo único cierto es que no sé nada.

martes, 9 de julio de 2013

Lluvia con chispas de chocolate (2009)

Hoy recordé esto. Paradójico que lo haya escrito el mismo año que empecé la universidad. Cómo pasa el tiempo. Qué loco todo. En fin. Lo recordé porque estaba lloviendo... y porque me siento feliz...

[2009]

Lluvia con Chispas de Chocolate

La felicidad huele a lluvia
Con chispas de chocolate
Y tiene un marcado sabor agridulce
Que se queda tatuado en tus sentidos
Y te hace intentar probarla una y otra vez...

La felicidad tiene la piel tostada,
Los ojos oscuros
Y una sonora y radiante sonrisa.
Que envuelve, que hechiza
E insita a volver.

La felicidad es una fuerte bebida
Que debe ser ingerida
De manera prudente pero sustanciosa.
Pues muy poco sería insensato 
Y en demasía sería estúpido. 

La felicidad es como una llama
Que tan rápido como se enciende, se apaga.
Cuando está presente,
Es capaz de quemar a través de una mirada.
Y cuando no está
Se enfría hasta la más alegre de las almas.

sábado, 10 de marzo de 2012

Canto a Caracas

El olorcito a café
me despierta y ya sé
que el día ha comenzado.
La calle me empieza a hablar, 
ya lo puedo notar
en el rumor de los carros.

Todavía no amanece
y ya hay que despertar.
La vecina de en frente 
ya salió a trabajar.
Así se mueve la gente
en esta enorme ciudad.

El metro está a reventar,
no cabe ni un alma mas 
y el tren está retrasado.
Además del calor
un niño entra al vagón
a vender calendarios.

Todavía no crece 
y ya tiene que trabajar.
De lo que haga depende
que hoy pueda cenar.
Así se mueve la gente
en esta enorme ciudad.

Un tráfico infernal
le impide avanzar, 
volverá a llegar tarde.
Un programa de opinión
le recuerda que hoy
pudiera ser atracado.

La radio lo devuelve
a la triste realidad.
La ciudad donde vive
lo podría matar.
Pero no se entristece, 
ya no hay vuelta atrás.
Así se mueve la gente
en esta enorme ciudad.

viernes, 19 de agosto de 2011

Carta (Perdido Entre Recuerdos)

Buenas noches, amigo del alma.
Espero que estés bien en esta fría noche; noche extremadamente fría, a mi parecer, para ser una noche de verano... ¿o es otoño ya? La verdad no estoy seguro. No estoy seguro de nada por estos días. No puedo estar seguro ni de mis palabras, aunque las esté escribiendo, como ahora, y pueda revisarlas más adelante. No puedo estar seguro de nada que surja de mi mente, pues mi mente ya está expirando. No puedo estar seguro ni siquiera de haberte saludado. Buenas noches, hermano, amigo del alma. Qué noche tan fría en esta primavera.

Frente a mi, en mi escritorio, veo un montón de cartas con tu nombre. No puedo estar seguro de si son cartas que me has enviado y no me he dispuesto a leer, o son cartas que te he escrito y no he tenido la lucidez de enviarte. Cualquiera que sea el caso, no las he abierto, pues me aterra su contenido. Me aterra el hecho de que esas cartas confirmen mi creciente demencia.

Veo esas cartas y por alguna razón recuerdo a tu madre. Qué grandiosa mujer. ¿Podrías saludarla de mi parte? Tienes suerte de la madre que tienes, tan sabia, tan audaz, siempre con el comentario adecuado en el momento adecuado. Tu madre... Cómo lamento su muerte. Parece mentira que haya pasado tanto tiempo desde que murió. Oh, qué consuelo me traería escuchar los consejos de tu madre, como los escuchaba hace un par de días. Qué consuelo le traería a esta mente divagante escuchar sus consejos.

Espero que estés bien, hermano, tú y los tuyos. Supe de tu nuevo hijo. Otro varón. Qué dicha. Espero que caigan sobre él todas las bendiciones del cielo. Tu madre ha de estar emocionadísima por su nuevo nieto. Tu madre... Qué mujer... Salúdala de mi parte.

Amigo has de saber que me encuentro perdido. Perdido en mis pensamientos, perdio en mis palabras, perdido en mis recuerdos... Y mis recuerdos se me pierden mientras trato de ubicarme. Desearía haber muerto antes de entrar en este infierno. No tienes idea de lo desesperante que es. Estoy perdido, hermano mío. No me encuentro ni en mi arte. No reconozco mi letra, mis trazos. Casi no reconozco mi rostro y apenas puedo reconocer las voces de las personas con las que vivo. Es un infierno.

Amigo, ¿recuerdas aquella tarde invernal, no muy diferente de esta, cuando reíamos y bromeábamos sobre nuestro futuro? Éramos jóvenes y ambiciosos. Sólo deseábamos un retiro tranquilo y disfrutar de la gloria de nuestras obras. Yo no puedo cumplir ese sueño, pues mis propias obras me resultan ajenas. Ojalá tú sí puedas...

Dicen que nadie muere de verdad, ni nada está totalmente destruido, mientras haya alguien que le recuerde. Pues bien amigo en mío, en ese caso yo soy la muerte entonces, pues en mí mueren todos los recuerdos. No existen las memorias.

Ahora me encuentre frente a esta hoja de papel con tu nombre en el encabezado y supongo que te estoy escribiendo una carta... ¿o ya la había terminado? De cualquier manera, buenas noches, amigo del alma. Una noche extremadamente fría, a mi parecer, para ser una noche de verano... ¿o es otoño ya? La ver dad, no estoy seguro...

sábado, 13 de agosto de 2011

Crónica de un Suicidio

El grito de "¡eres un inútil!" de su padre, todavía retumbaba con fuerza en su cabeza; y la mirada de decepción de su madre pesaba sobre él, igual que unos minutos antes. Les dejó sentir su ira con un portazo que de seguro se escuchó en todo el vecindario. Se paró de espaldas a su casa, limpió las lágrimas que brotaban llenas de ira de sus ojos, respiró hondo y empezó a caminar, con determinación, hacia ese destino que ya había seleccionado para sí mismo un tiempo atrás.

Algo debió haber hecho en su vida pasada. Algo grande y malo, pues esta vida que le habían dado era totalmente un asco. Padres que no lo apreciaban, amigos falsos, un trabajo que apestaba, una universidad inservible… un fracaso tras otro… por más que intentaba no había manera en que esas muy pequeñas cosas buenas que se suponía había en su vida, pudieran opacar todas las cosas malas que estaba seguro que existían.

Pisaba con fuerza mientras caminaba a paso rápido. Pisaba con ira, como intentando que el mundo sufriera de igual manera a como él estaba sufriendo. La gente lo miraba, como si fuera un animal extraño. Siempre lo hacían. Por lo general no les hacía caso, pero ese día sus miradas sólo hacían que estuviera más seguro de su decisión. Llegó a la estación de metro y pidió un boleto de ida únicamente, pues no pensaba volver.

El andén estaba algo lleno para esa hora, sin embargo eso no pareció ser un inconveniente; tal vez si había gente viéndolo se sentirían un poco culpables. Un poco de nerviosismo lo atacó, pero supo disimularlo y concentrarse en su objetivo.

Vio la pequeña pantalla que colgaba del techo… quince minutos… sólo quince minutos para la llegada del tren… quince minutos y la cara de ira y decepción de sus padres aparecía con cierto aire de tristeza en su cabeza.

Diez minutos… y la imagen de su jefe echándolo apareció de la nada en su cerebro… diez minutos y las voces de sus profesores reprendiéndolo por su bajo rendimiento sonaron con fuerza en sus oídos.

Cinco minutos… la escena de su novia besándose con su mejor amigo no tardó en aparecer, acompañada del estúpido “esto no es lo que parece” de ella y de la risita burlona de él.

Un minuto… y después de saltar… ¿qué? Y todas esas metas inconclusas ¿qué? ¿Realmente era mejor escapar en ese momento? ¿Cómo quedaría su imagen si lo abandonaba todo a ese punto?... Sonrió…

Caminaba con paso firme de vuelta a casa, con una gran sonrisa en su cara. Ver la pequeña luz del tren aparecer por el túnel fue, de alguna manera, revelador para él. Se dio cuenta de que la verdadera diversión de la vida estaba en todos los problemas que ésta traía consigo… de resolverlos. De mantener sus sueños en mente y abrirse paso entre la adversidad para lograr el éxito.

martes, 28 de junio de 2011

Historias Aleatorias: El Pintor de por mi casa.

Hace unos días, unos meses, apareció cerca de mi casa un personaje bastante particular. Uno de estos hombres de las calles, los populares “recojelatas”, “loquitos”, “piedreros”, solo que este es diferente… este es un pintor.

Así mismo, un pintor… El hombre tomó una parte de la calle, cerca de la estación de metro, y ahí montó su taller de pintura, con sus lienzos improvisados y sus obras, pintadas a mano. Sin usar ningún pincel. Como para que no haya nada que pueda distorsionar lo que sus dedos quieren plasmar en el “lienzo” que utiliza.

Y pongo lienzo entre comillas porque realmente no utiliza lienzos propiamente dichos… el presupuesto no le da para eso, no. Una de las cosas que más me atrapa de su trabajo es el hecho de que utiliza como lienzo cualquier cosa que encuentre en la basura: un saco de plástico, una mesa rota, un copete de una cama, en fin… cualquier cosa…

La pintura si es un misterio para mí el cómo la consigue. No se si se la regala la gente, si la encuentra en la basura, si la compra con algo de dinero que consiga por ahí… Lo cierto es que siempre tiene pintura… pintura de todos los colores que pueda necesitar… Creo que así es feliz. Mientras tenga pintura y un sitio donde esparcirla, ese hombre será feliz.

En cuanto a la calidad de su obra… realmente a mi me parece excelente. Su cuadros son cuadros, no pinturas de cavernícolas. El tipo de verdad se esmera pintando y puedes ver una obra de calidad una vez que lo ha terminado. Sin embargo bueno… lo mío no son las artes plásticas, así que no se mucho de pintura, por lo que mi juicio no es el mejor…

Pero tal vez de eso anda huyendo él. De críticos despiadados que muchas veces nunca han logrado pintar nada, pero que destrozan con palabras ofensivas e irónicas las obras de otros y esperan trabajos utópicos de parte de los artistas para que ellos puedan aprobarlas. Tal vez él sólo quiere que la gente reconozca sus pinturas por lo que son: pinturas bien hechas. Punto.

Y más de una vez lo hemos visto consumiendo su “musa”, entregarse a los brazos de la adicción que lo ha llevado a ese estado en que se encuentra ahorita. Pero realmente no se le puede juzgar, o al menos yo no puedo… Pues nadie sabe las presiones a las que pudo haberse visto sometido en años anteriores… Además, con él pasa como con los músicos, actores y demás artistas: al ver la calidad de su obra, eres capaz de perdonarle casi cualquier cosa.

Solo pinta paisajes. Paisajes y animales. Como tratando de darle frescura a toda esta selva de concreto en la que vivimos. O tal vez dibuja aquellos lugares a los que le gustaría escapar… lugares que probablemente solo existan en su cabeza… lugares que quizás haya visitado en algún otro momento de su vida, cuando su mente estaba un poco más clara…

Pinta paisajes… pinta libertad… una libertad que él gana al pintar lo que quiera, cuando quiera, como quiera, donde quiera. Una libertad de la que carecen muchos que tienen una “vida normal”. Una libertad por la que matarían muchos de los que lo tienen “todo”… Una libertad pura, genuina… Libertad llena de felicidad… Porque él, ahí donde está, sin hogar, sin familia, sin trabajo, sin dinero… él ahí, haciendo lo que más le gusta… es feliz…

viernes, 25 de febrero de 2011

El Último Blues

Todavía aquel viejo tocadiscos funcionaba. No sonaba con la misma potencia y claridad que antes, pero funcionaba. Al menos para lo que ellos querían era suficiente.

Sonaba su canción favorita. Una canción lenta, melancólica, pero dulce. Una canción que les recordaba sus mejores momentos. La canción que él tocaba cuando se conocieron. 

Ellos la bailaban lentamente. Apenas moviéndose del lugar en el que estaban. Apenas moviendo los pies… apenas moviéndose. Se balanceaban lentamente, al mismo ritmo de la música. Se balanceaban mientras estaban abrazados, sintiendo la respiración, el cariño del otro.

Habían decidido que si ya no quedaba lugar al que escapar, que si ya era inevitable, lo mejor era disfrutar los últimos minutos. Lo mejor era bailar en paz hasta que todo terminara.

Realmente para ellos la idea de un final no era algo que les generara ningún tipo de angustia, pues su momento ya estaba cerca de igual manera; sin embargo se sentían mal por sus hijos y nietos, que no conocerían el mundo en la extensión en la que ellos lo habían conocido.

Cuando el suelo empezó a temblar. Se detuvieron un momento y se sonrieron. Se abrazaron fuertemente y siguieron meciéndose el rito de la música, hasta que llegara el final…

Una vez que la gran luz hubo pasado, no quedó nadie. Había casas, edificios, carros en las calles, pero no había personas. Se habían ido para siempre.

En aquella casa de la puerta desencajada, lo único que parecía seguir con vida era el viejo tocadiscos, reproduciendo el mismo blues una y otra vez por el resto de los días…

viernes, 7 de enero de 2011

La Caída

Pesadas como si estuvieran hechas de plomo, cayeron al suelo mis alas. Hicieron un terrible estrépito como para que todos se dieran cuenta de que habían caído, que se habían separado de mí.

Lloré. En silencio, pero lloré. Lloré porque me pareció lo mejor. Lloré porque fue el único consuelo efectivo que encontré. Lloré porque pensé que, una vez que mis alas habían sido mutiladas de esa manera, no había nada que pudiera hacerme parecer más vulnerable en ese momento. Lloré porque me dolía, porque las heridas iban más allá de lo físico.

Me sequé los ojos y miré al cielo, un cielo en el que no volvería a volar por un tiempo. No volvería a sentir los rayos del sol ni el viento chocando contra mi cara. En ese momento podría haber dado cualquier cosa por un vuelo más… sólo un vuelo más.

Mucha gente comenzó a acercarse. Veían con cara de tristeza mis alas en el piso. Intentaban reconfortarme, pero ninguno entendía la gravedad del asunto. Las heridas eran profundas, pero nadie más que yo podía verlo. No es que no quisiera ayuda, pero en ese momento ninguno podía hacer nada al respecto.

Cuando por fin tuve el valor suficiente, levanté la mirada y ahí estaban sus ojos. Se veían tristes también y empañados por lágrimas como los míos, pero estaban seguros., Me infundieron esperanza. En sus ojos pude ver el comienzo de un nuevo vuelo, uno largo y realmente placentero… En sus ojos vi el posible renacer de mis alas… En sus ojos vi esperanza…

sábado, 4 de septiembre de 2010

Carta (Pies sobre la tierra)

Hola. Tengo algo que decirte.

Puede que este no sea el mejor día de mi vida. Pero ¿sabes qué? Estoy seguro de que puedo hacerlo funcionar. Tal vez hoy salga a la calle y ninguno de los colores que vea combine, pero es mi trabajo hacer que toda esa locura tenga un poco de sentido, al menos para mí. El mundo no se debe parar sólo porque algunos lo digan.

Tal vez por estos días la suerte no me esté sonriendo, pero qué más da… Algunas veces esa caprichosa te sonríe y las veces que no lo hace, hay que trabajar; pues incluso las oportunidades, que son conocidas por su habilidad de “llegar” o “presentarse”, no son tan benévolas como las pintan. Llegan, sí. Pero muchas veces lo que sucede en realidad es que salimos a buscarlas y las encontramos a medio camino. Siempre hay que moverse. Siempre hay que actuar.

Sé que hoy saldré de mi casa y los ríos seguirán siendo de agua y no de Coca-Cola. Es así, vivo en un mundo real y debo estar consciente de eso. Que si bien es bueno tener la cabeza en las nubes un poco, aspirar alto, también hay que saber mantener los pies en la tierra, conocerse a uno mismo y tener noción de lo que se puede o no hacer y cuándo.

Es muy probable que mañana abra los ojos y el mundo no me de ninguna razón para sonreír. En ese caso lo más fácil sería quedarme arropado en mi cama y lamentarme por la desgracia de todos. Pero es de verdaderos guerreros levantarse con una sonrisa en la cara y salir a enfrentar toda adversidad. Tal vez mi eterna felicidad te parezca algo hipócrita y falsa, pero si no soy yo quien trae un poco de alegría y tranquilidad ¿quién lo hará?

No estoy dejando nada al azar. Por eso, si fracaso estaré tranquilo, porque sé que lo di todo de mí. Por eso, si fracaso, podré levantarme y volverlo a intentar, teniendo en cuenta mis errores. Por eso sé que si fracaso, igual podré mirarte tranquilamente a los ojos y sonreír.

Sinceramente,

César Aramís Contreras Parra.

domingo, 8 de agosto de 2010

Carta (Estimado señor asesino)

Estimado señor asesino,

Le escribe el padre de la niña a la que usted mató hace un par de meses atrás. Tal vez este gesto le parezca un poco extraño (créame que no es usted el único que piensa eso), pero me pareció que era justo, necesario. Terapéutico... para ambos.

Es posible también que usted finja que esta carta no tiene ningún tipo de sentido, debido a que usted y su defensa insisten en su inocencia, pero el día en que lo vi en el juicio, señor Asesino, vi culpa en sus ojos. Estoy tan seguro de eso como que mi hija menor está muerta.

Déjeme empezar por decirle que, contrario a lo que muchos pueden pensar, yo, y estoy casi seguro de que mi esposa tampoco, no siento rencor hacia usted. El dolor de la pérdida de un hijo es una pena muy grande como para dejar espacio y tiempo al odio. Prefiero pasar mis ratos recordando a mi hija y llorando de nostalgia que pensando en usted y llorando de rabia. Además, odiarlo señor Asesino, sería establecer un tipo de vínculo emocional con usted... No. No hay odio.

En todo caso creo que lo que sentíamos mi esposa y yo antes de ese juicio era miedo. Terror. Miedo porque en mi mente solo un monstruo podría ser capaz de una atrocidad como el asesinato de mi niña. Solo una bestia totalmente inhumana podría ser la perpetradora de semejante acto antinatural. Pero luego lo vi entrando a la sala donde se celebraría el juicio y vi que era un humano como todos en el recinto. Lejos de sentir rabia o algo por el estilo, no dude en creerme cuando le digo, señor Asesino, que lo que sentí al verlo fue alivio, pues supe que esa clase de monstruo que yo pensaba que aparecería por la puerta por la que usted entró, sólo existe en mi imaginación.

Si bien lo único importante es terminar de demostrar que usted es el culpable, no puedo evitar (y parece ser algo normal) preguntarme por qué. ¿Por qué, señor Asesino? ¡Por qué mi hija? ¿Para qué? ¿Qué daño pudo hacerle una niña de doce años para que usted simplemente llegara y la estrangunlara? No hubo robo, ni violación, ni secuestro, ni amenazas, ni golpes. Solo llegar, matar e irse... ¿Por qué? ¿Para qué?

Por otro lado, no se si darle las gracias por eso. Entiendo que esto sonará increíblemente extraño y que no tiene ninguna lógica, pero al menos no tengo una imagen de mi hija ensangrentada, hinchada y mutilada abandonada en un callejón... En realidad desearía no tener solo imágenes de ella y tenerla aquí a mi lado en este momento... Pero la vida no es perfecto, ¿cierto, señor Asesino?

Por más bizarro que parezca y por mucho que me aborrezca a mí mismo en este momento por lo que estoy haciendo, debo agradecerle de nuevo. Este duro episodio ha hecho que mi familia se haya unido otra vez; que hayamos vuelto a ser eso, una familia; que sintamos el apoyo y el calor del otro. Ojalá usted pueda sentir eso, señor Asesino... Ojalá.

Desearle mal no devolverá a mi hija, así que no tiene sentido. Tampoco lo tiene que nos pida disculpas, pues el daño, el inmensurable daño, ya está hecho. Rezaré por usted, señor Asesino, rezaré por su alma y por su mente...

Rezaré por su paz espiritual y por su cordura, porque sé que una vez que el arrepentimiento toque la puerta de su razón y usted le deje entrar, no lo abandonará hasta su último día. Rezaré por que la luz aparezca en su vida, porque cuando entienda lo que ha hecho el sol no brillará más para usted.

Se despide, estimado señor Asesino, el padre de la niña que usted mató hace unos meses, deseando con todo su corazón que usted nunca pase por algo parecido a lo que yo estoy atravesando, pues no tengo duda de que usted nunca lo soportaría.

Que tenga un feliz día...

sábado, 31 de julio de 2010

"Hope I die before I get old..."

De izquierda a derecha: Pete Townshend (guitarra),
Roger Daltrey (voz), Keith Moon (batería) y Jon Entwistle (bajo)
The Who es simplemente una de las bandas de rock más importantes de la historia. Con sus composiciones han sabido dejar una huella imborrable en la historia de este género musical y han marcado toda una tendencia y estilo.

Es una banda a la que admiro muchísimo. Tanto como conjunto, como individualmente. Admiro a Roger Daltrey por ser uno de los pocos músicos dentro del género del rock que se ha mantenido toda su vida alejado de las drogas. Admiro a Pete Townshend por la capacidad creativa tan bestial que tiene ese pana; casi todas las canciones de The Who son compuestas por él. Admiro a John Entwistle simplemente por ser una bestia del bajo, un monstruo. Y admiro a Keith Moon porque lo dejaba todo, absolutamente todo el escenario.

En 1965 publicaron su primer álbum, "My Generation". La canción que le daba el título al disco rápidamente se convirtió en un clásico de la banda y del rock en general. Es una canción de protesta... de compañerismo... es una voz que unió (y une) a todos los jóvenes que pertenecen a una misma generación, sin importar cuál generación sea. Eso es lo maravilloso de la canción, que aplica a casi todas las generaciones. La canción tiene una frase que capturó especial atención por parte de los fanáticos y la crítica. La mítica "Hope I die before I get old (espero morir antes de hacerme viejo)".

Los jóvenes la cantaban a todo pulmón. Los menos jóvenes y más conservadores la tomaron como una especie de mensaje suicida y no les agradaba para nada. La polémica se incrementó cuando, en un programa de televisión, le preguntaron a Roger Daltrey si de verdad esperaba morir antes de envejecer, a lo que él tranquila y serenamente respondió "sí". Ahora bien... después de un poquito de historia, a lo que de verdad va la entrada jajajaja... la manera en que yo veo esa frase...

Para mí, la frase no tiene que necesariamente querer decir que quiero morir antes de los 60... antes de los 70... simplemente es querer morir antes de que el corazón se marchite (sé que estaré sonando increíblemente ridículo en este momento), antes de que las esperanzas se apaguen y se vayan las ganas de vivir.

Si bien el envejecimiento es un proceso básicamente fisiológico (y creame que de este asunto me tocó aprender un pelo jajajaja), los libros, la gente, siempre habla de un envejecimiento de la mente. De una manera de mantener la mente en forma. De no dejar que los cambios físicos y ambientales que vienen con la edad minen del todo las capacidades mentales de la persona. Cuando se sucumbe a toda la tristeza, angustia, impotencia y demás circunstancias que traen los años, es cuando de verdad se empieza a envejecer y cuando se empieza a limpiar el camino para la muerte.

Pero tampoco el mantenerse joven quiere decir que la persona tiene que seguir haciendo las cosas que hacía cuando tenía menos años encima. Siempre me ha parecido algo de mal gusto ver a gente mayor haciendo el ridículo sólo por parecer que son más jóvenes. No. No se trata de eso... No se puede llegar a ninguno de los extremos. Todo se trata de equilibrio. De tener consciencia de que cada vez son más años a cuestas, pero de que no por eso hay que echarse a morir, que todavía hay posibilidades.

Los pasatiempos son una opción. Seguir realizando actividades relacionadas con el trabajo, en caso de que a la persona le guste el trabajo. Hay miles de salidas para que la persona se pueda mantener activa, y siga pareciendo "joven". Intentar lograr sueños de la juventud, de la infancia (todo dentro de eso que ya hablé antes de mantener una actitud acorde a la edad), viajar, conocer... No hay razón por la cual convertirse en un despojo humano... Al menos no tan temprano jajajaja.

Es para mí eso de lo que habla esa frase de "My Generation". No dejar que el peso de los años te doblegue y te haga perder todo deseo de seguir luchando... De seguir teniendo una vida plena y llena de alegría... Desde ese punto de vista, yo también "deseo morir antes de envejecer". Morir con una sonrisa y recordando con felicidad todo lo que he hecho en mi vida. Morir con la certeza de que no me convierto en una carga para nadie. Morir pensando que todavía quedaron cosas por hacer, pero que ya habrá otra vida para lograrlo. Morir sabiendo que mi espíritu, mi alma, mi mente aún están jóvenes y en forma para un viaje más...

Pero en fin, ese es sólo mi humilde punto de vista. No se qué podrían opinar ustedes... Un abrazo y espero que también mueran antes de envejecer... si se puede tomar eso como un cumplido, que espero que sí jejejej Hasta pronto... 

viernes, 28 de mayo de 2010

Lluvia de Reflexión...

Aquella extraña lluvia parecía que caía dentro de mí. Que no mojaba las casas ni las aceras, que no caía en los árboles no en la tierra. Esa lluvia parecía caer dentro de mí, y cada gota iba mojando uno por uno mis pensamientos.

Era una lluvia cálida. Era una lluvia que le dio calor a mi alma y, a pesar de lo nublado que estaba afuera, esa lluvia le trajo claridad a mis sentidos. Esa lluvia me trajo entendimiento.

Era imposible cansarme de esa lluvia. No sabía de dónde venía. Nunca lo supe. Perono quería que escampara. No en ese momento en el que tenía tanta lucidez y sentía que estaba viendo la realidad por primera vez.

Era una lluvia dorada. Una especie de cascada de oro que le fue dando color y riqueza a mis emociones. Esa lluvia hizo que cada momento valiera la pena...

Cada vez que una de de esas gotas me tocaba, le daba más coherencia a todo lo que pasaba a mi alrededor. Aquella lluvia me trajo un conocimiento que nunca había tenido.

El calor de esa lluvia y la sabiduría que trajo me hizo confiar. Confiar en que, incluso de los peores momentos, algo bueno puedo sacar.